jueves, 14 de diciembre de 2017

2017: un año de terribles ataques pero de clamorosas victorias de la revolución bolivariana
Carlos E. Lippo




A juicio nuestro el 2017, próximo ya a terminar, ha sido un año de fuertes contrastes en lo que respecta a Venezuela y a la revolución bolivariana. Un año en el cual la contrarrevolución venezolana, agrupada en torno a la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), un engendro pitiyanqui que nunca ha sido una instancia válida para celebrar acuerdos políticos ni jamás ha sido democrática, aunque siempre ha estado tutelada y financiada por el imperio, estuvo muy cerca de generar una cruenta guerra civil entre nosotros, que le hubiese servido de excusa para intervenirnos militarmente.

En efecto, desde los inicios del mes de abril y hasta el 30 de julio inclusive, fecha en la cual tuvo lugar la  elección de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), la contrarrevolución toda protagonizó una serie de actos terroristas, apoyada descaradamente por la canalla mediática internacional y fuertemente acicateada por la actitud cómplice y alcahueta de la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, actualmente fugitiva de la justicia venezolana, que al mismo tiempo que se abstenía de imputar cualquier tipo de delito aun  a los terroristas apresados en flagrancia por las fuerzas del orden público, hacía una auténtica apología del crimen con frases como ésta: “No se le puede pedir comportamiento pacífico a ciudadanos cuando el Estado toma acciones ilegales” (1), contenidas en unas declaraciones dadas al diario The Wall Street Journal el 03 de mayo de 2017.

Considero innecesario repetir la larga lista de crímenes cometidos por los activistas de la contra, la inmensa mayoría de ellos mercenarios, durante esos casi 120 días de terror. Mencionaré sólo el que nueve compatriotas fueron quemados vivos, falleciendo cinco de ellos (2), así como que fueron atacados centros de salud y centros educativos con gran presencia de niños, todo ello en medio del silencio cómplice de la dirigencia opositora, de la academia, de la alta jerarquía católica y por supuesto de la canalla mediática nacional e internacional que presentaba a los autores materiales de esta auténtica orgía de sangre como “héroes luchadores por la libertad”.

Si el pueblo y el gobierno revolucionario hubiésemos respondido a esta brutal agresión con el mismo grado de violencia, como debo confesar que estuve tentado a proponer en algunos de los momentos más álgidos, es indudable que hubiésemos provocado la intervención armada del imperio y sus aliados en defensa de estos “luchadores por la libertad”, generando un conflicto de alcance regional y presumiblemente también global.

Haber reducido a estos alabarderos del imperio mediante la acción decidida y en algunos casos verdaderamente heroica del pueblo revolucionario, que en número superior a los ocho millones (41,53 %) desafiamos a los violentos para concurrir a elegir a nuestros candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente y con ello lograr instaurar la paz a todo lo largo y ancho del territorio nacional constituye sin duda alguna la victoria revolucionaria más importante del año.

Simultáneamente con esta brutal agresión el imperio siguió desarrollando la guerra económica, que ha continuado intensificando hasta haber logrado darle unas magnitudes de vértigo en nuestros días. El arma principal de esta guerra es una tasa de cambio ilegal difundida diariamente por el portal web llamado “DolarToday”, que ha logrado imponerse como marcador de todos los precios en el seno de nuestra economía al haber creado una demencial avidez por la divisa norteamericana; “el único dólar caro es el que no compras hoy”, es el histérico grito de guerra de nuestros comerciantes inescrupulosos, mientras suben a cada hora y con extrema impudicia el precio de todos los productos que comercializan. El hecho de que la tasa de cambio ilegal haya subido desde 3.200 Bs.xUSD (02/01/2017) hasta 102.276,63 Bs.xUSD al día de hoy, sin ninguna razón econométrica válida para ello, puede dar una idea cabal de por qué decimos que la guerra económica ha adquirido unas dimensiones de vértigo.

El propósito de esta guerra es generar una crisis de carácter humanitario en el país, que al serle atribuida a errores y deficiencias del gobierno revolucionario generase una insurrección popular contra éste, a la vez que serviría para “justificar” una eventual intervención militar del imperio.

En torno a esa pretendida crisis humanitaria, Alfred de Zayas, un experto de la ONU ha declarado lo siguiente en una reciente visita al país: “Coincido con la FAO y Cepal que no existe tal crisis humanitaria en Venezuela, aunque en algunos sectores hay escasez, desabastecimiento, demoras en la distribución, etc. Lo que es importante es conocer las causas y tomar medidas contra el contrabando, monopolios, acaparamiento, corrupción, manipulación de la moneda y dislocaciones de la economía por una guerra económica y financiera que incluye sanciones y presiones…” (3) ¡Más claro imposible!
El gobierno revolucionario con medidas tales como: la regularización del suministro de insumos alimenticios y alimentos terminados a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP); el decreto de cuatro aumentos generales de salarios (08/01, 01/05, 02/07 y 01/11); y el mantenimiento del impulso de las grandes misiones sociales en materia de vivienda, educación y salud; y apoyado en la sabia y estoica actitud del pueblo, ha logrado ir paliando una problemática cuya solución definitiva requiere de medidas estructurales aplicadas a nuestra economía, obviamente de efectos no inmediatos.

Combatir la tasa de cambio ilegal mediante la aprobación de medidas como la propuesta por Pasqualina Curcio, de exigir a las transnacionales que operan en el país que al reportar a sus casas matrices sus ganancias en bolívares deban convertirlas según esa misma tasa ilegal (4), así como la propuesta por Fernando Travieso, de establecer un nuevo impuesto a las transnacionales petroleras que operan en la Faja del Orinoco, indexado al aumento de esa tasa ilegal, con base en un aumento al 40 % del Factor de Recobro de la Faja (5), debe ser tarea inaplazable de la Asamblea Nacional Constituyente.
En todo caso, considero que el no haber sucumbido ante tan despiadada guerra representa para todos nosotros una nada desestimable victoria moral.

Las duras sanciones de carácter financiero impuestas por el imperio y la UE durante el segundo semestre del año, aunadas a acciones ilegales de la empresa Euroclear amparadas en una interpretación amañada del alcance de dichas sanciones, han hecho realidad la profecía auto realizada de Wall Street, de hacer caer al estado venezolano en situación de impagos (default) de su deuda financiera. La situación real es que aunque nuestro país ha visto reducidos sus ingresos en dólares por efecto de las sanciones, tiene bloqueados en la actualidad más de 3.000 millones de dólares en el sistema financiero mundial (6), cantidad más que suficiente para haber pagado los cupones de los bonos Soberanos y de PDVSA que se encuentran en el período de gracia o ya lo han rebasado. En la actualidad el gobierno revolucionario está negociando con sus acreedores una reestructuración de la deuda financiera; ha obtenido un refinanciamiento de su deuda no financiera con Rusia y ha recibido el apoyo del gobierno chino que ha señalado enfáticamente que confía en que Venezuela podrá honrar la totalidad de su deuda financiera (8).

Tales medidas, junto a la decisión de salir de la órbita del Petrodólar, vendiendo nuestro petróleo en divisas distintas de la estadounidense (Euros, Yuanes y Rupias), así como la de lanzar una criptomoneda que habrá de llamarse el Petro, con respaldo en oro, al diversificar ampliamente nuestros medios internacionales de pago, habrán de servir para atenuar en forma significativa los efectos del ilegal bloqueo financiero impuesto por el imperio y sus aliados.

Si tomamos en consideración que el imperio a buen seguro contaba con “ponernos de rodillas” a partir de la imposición de este auténtico bloqueo financiero, entonces tenemos que convenir en que al menos nos estamos anotando una victoria parcial en relación a este aspecto.

El 2017 ha sido también un año pródigo en amenazas de intervención militar por parte del imperio, que se inició con la prórroga por un año más de la Orden Ejecutiva de Obama que nos declara como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de los Estados Unidos, por parte del mismo Obama, pocos días antes de entregar el gobierno a Trump; amenaza que fue proferida luego por varios funcionarios del más alto nivel, hasta culminar con la del propio Donald Trump, proferida en el mes de agosto, de manera clara y directa, y refrendada de manera implícita en su intervención ante la Asamblea General de la ONU en el mes de septiembre, en la que calificó al gobierno revolucionario de “inaceptable dictadura socialista”, como paso previo a señalar seguidamente que su país “…está preparado para tomar nuevas acciones” si Venezuela persiste en imponer “su gobierno autoritario”.

Amenazas del imperio son también los ejercicios militares conjuntos realizados en territorio americano en combinación con fuerzas de la OTAN y las de países de la región cuyos gobiernos actuales son fuertes detractores del nuestro, de los cuales se realizaron al menos siete a partir del mes de junio, dos de ellos (“Vientos Alisios 2017” y “América Unida”), en localizaciones extremadamente cercanas a nuestras fronteras marítimas y terrestres (8).

El hecho es que el efecto de tales amenazas ha sido totalmente contrario al esperado por el imperio, al haber servido sólo para elevar el grado de conciencia de nuestro pueblo, ahora más antiimperialista que nunca, y para potenciar aún más la unión cívico-militar bolivariana puesta en evidencia por los “Ejercicios Militares Zamora-200” (9), celebrados en el mes de enero ¡Una auténtica victoria de la revolución bolivariana!

En el ámbito diplomático también recibimos fuertes ataques del imperio. Frescos aún están sus patéticos intentos en la OEA por crear una fuerza militar invasora de carácter multiestatal; en esa tarea se quedaron casi completamente aislados, acompañados sólo de los doce gobiernos más entreguistas de la región. Más patéticos aún han sido aún los esfuerzos frustrados de su representante en el Consejo de Seguridad de la ONU, por hacer que se discuta el “caso Venezuela” y lograr una resolución condenatoria de ese alto organismo. Imagino que al menos debió ser igualmente frustrante para el imperio, la aplastante votación en contra de su propuesta condenatoria en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, así como el hecho de que aprobásemos nuestro segundo Examen Periódico Universal (EPU), con mejores calificaciones que él ¡Una Victoria en toda la línea!
Sin embargo, ha sido el ámbito político electoral el escenario de nuestras más clamorosas victorias durante este 2017, al haber logrado derrotar ampliamente a la contrarrevolución en tres procesos electorales, con unos niveles de participación que ya desearían tener para sus comicios presidenciales el imperio y todos sus aliados, en sólo 133 días: elección de constituyentes, el 30 de julio; elecciones de gobernadores de estado el 15 de octubre, en las que obtuvimos el 80 % de los cargos en disputa; y  elecciones de alcaldes, el pasado 10 de diciembre, en las que obtuvimos casi el 92 % de los cargos en disputa en un proceso en el cual la MUD, desobedeciendo las órdenes del imperio, participó, mayoritariamente de manera encubierta, al mismo tiempo que una parte de ella promovía la abstención, siendo derrotada por una participación que superó el 47 %, una de las mayores de la historia para este tipo de comicios en el país. La obtención de tan formidables resultados en tan poco tiempo es absolutamente congruente con el hecho cierto de que mientras la MUD ha hecho implosión a consecuencia de las importantes contradicciones existentes entre los partidos que la conforman, derivadas de las apetencias personales de sus dirigentes, el chavismo ha logrado recomponerse totalmente desde aquella infausta derrota de diciembre de 2015.

Si nuestro esfuerzo por construir el socialismo en la patria de Bolívar y Chávez chocase sólo contra esta ineficaz oposición podríamos considerar que hemos hecho gran parte de la tarea; sin embargo sabemos que  no es así, ya que nuestro verdadero contendor es el capitalismo internacional personificado por el imperio estadounidense y toda su cohorte de aliados internacionales de distinto pelaje.

Resulta evidente pues que los ataques del imperio habrán de intensificarse en el 2018, con el objetivo central de forzar un resultado favorable a sus alabarderos en las próximas elecciones presidenciales, para las cuales el Presidente Maduro, en caso de lograr mantener el ritmo ascendente de su popularidad, sería imbatible. No es ocioso recordar que un reciente sondeo realizado por una empresa encuestadora reconocidamente opositora muestra que la imagen positiva del camarada Maduro continuaba su tendencia ascendente, ubicándose a finales de noviembre en un nada desestimable 31,1 %, extremadamente por encima de cualquiera de los actuales aspirantes a sucederle (10).

Para finalizar debo decir que tengo la más absoluta convicción de que el venidero año 2018 será aún más pródigo que el actual en ataques del imperio y en prueba de ello pasaré a citar los siguientes hechos de muy reciente ocurrencia:
·         La aprobación por parte de la cámara de representantes del congreso del imperio, de un proyecto de ley con base en el cual se pretende enviar comida y medicamentos a Venezuela, sin autorización de nuestro gobierno, intentando violentar de esta forma la soberanía y el marco legal del país (11), ocurrida en una sesión en la cual también se aprobó recomendar la aplicación de nuevas sanciones.
·         El nombramiento del reconocido halcón Todd D. Robinson, como encargado de negocios de la embajada gringa en Venezuela, en el rol de máximo representante del imperio entre nosotros (12).
·         La contratación directa por parte del Departamento de Estado, de una millonaria asesoría cuyo propósito, a decir de un director del ente contratado, sería proporcionar a la oposición las herramientas necesarias para trabajar de forma más cohesiva como una coalición unida; en pocas palabras, la constitución de una nueva MUD, supuestamente más eficaz y eficiente que la ya fallecida.
 ¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!


Caracas, diciembre 14 de 2017


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